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foto: Aldo
Corzo ex-jugador de tenis de mesa del Regatas
Recuerdo el toque del cajón, la música criolla retumbando en
mis oídos, la fiesta, las risas, la algarabía. Nunca
olvidaré ese clásico del año 1995 en donde mi querido
Alianza Lima ganara en matute 6 a 3 a su compadre
Universitario de Deportes.
Tan solo tenía cuatro
años
y marcó mi corazón. Desde entonces han pasado catorce años,
muchos clásicos con victorias y derrotas, alegrías y
lágrimas. La pasión cada vez es más intensa. Pero hoy quizás
fue diferente. En una semana de trabajos, exámenes y un
rompimiento amoroso juvenil, de esos que cuando tengas más
de treinta años reirás.
Mi felicidad y mi ilusión estaban en mi Alianza de toda la
vida. Prendido del televisor, expectante, llegó un gol
rapidísimo. Mi hermana saltó del grito y mi mamá con el agua
de azahar. Que alegría la mía… Pero el fútbol es como la
vida, da un giro cuando menos lo esperas. Cuando menos me di
cuenta, lagrimeaba una derrota.
Esta vez el clásico fue para Universitario 2 a 1. Apagué el
televisor, evitando escuchar los comentarios posteriores,
evitando sumar un dolor más en esta pesada semana. Pero no
pude evitar darme cuenta que estas situaciones te hacen más
hincha, te hace amar y querer más. Esta vez no se saboreo la
victoria, pero como dije, el fútbol es como la vida y la
vida trae revanchas. Gracias Alianza Lima, por demostrarme
de pequeño lo esencial de la vida… reír.
Alejandro, blanquiazul hasta más allá de la muerte. |