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“LOLO” FERNÁNDEZ
En los caminos de la
vida, uno se encuentra con personas que lo inspiran a vivir
(por más redundante que esto pueda sonar). En mi caso,
algunos de los más importantes han sido Fito Páez, el
maestro Roberto Gómez Bolaños y don Emilio Lafferranderie.
En esta ocasión, y a manera de homenaje, hago una reseña que
refleja mi cariño y admiración por el gran “Lolo” Fernández.
Un día como hoy, pero
hace 97 años, nacía en la modesta Hacienda Hualcará de
Cañete el gran Teodoro Fernández Meizán. Era el sétimo de
ocho hermanos, los cuales se entretenían jugando al fútbol
por interminables horas en los humildes terrenales de aquel
pueblo. “Lolito” pasó su niñez pegándole a la pelota con
todas sus fuerzas, hasta que a sus 16 años llegó a la
capital.
Fue entonces cuando su
hermano Arturo (quien jugaba en Universitario) animó a Lolo
a probarse en el primer equipo de la “U”. Por
casualidades de la vida el presidente del club en aquel
entonces, el señor Plácido Galindo, vio jugar a Lolo en
aquel partido de prueba y sin pensarlo dos veces lo
contrató. Acababa de nacer en ese preciso momento el romance
Lolo – Universitario (algo que sólo puede ser comparable con
Romeo y Julieta).
Un 29 de noviembre de
1931 Lolo hacía su debut con la camiseta crema en un partido
amistoso frente al Deportivo Magallanes de Chile. Tenía tan
solo 17 años aquella calurosa tarde en donde anotaría el gol
triunfal. Nadie imaginaba, en ese entonces, que aquel
chiquillo adolescente se convertiría en toda una leyenda.
Desde aquel día Lolo Fernández fue pieza inamovible en la
delantera del equipo merengue.
Uno de sus tantos
atributos futbolísticos era la potencia de los remates de su
pierna derecha. Se decía que los arqueros de aquella época
le tenían un gran temor a los disparos del cañonero,
disparos que en algunos casos llegaron a romper las redes de
los arcos del Estadio Nacional.
A lo largo de su
trayectoria como futbolista Lolo cosechó muchos éxitos. Fue
el máximo goleador en los torneos de los años 1932, 1933,
1934,
1938, 1940, 1942 y 1945. Asimismo, salió campeón con
Universitario en seis oportunidades. También fue la cabeza
de una de las mejores selecciones peruanas de todos los
tiempos, aquella que jugó las olimpiadas de Berlín en 1936.
En este certamen, Perú venció a Austria por un contundente 7
– 2; con cinco goles de Lolo. Lamentablemente Hitler anuló
el partido porque simplemente no podía comprender cómo una
raza mestiza e “inferior” como la peruana podía derrotar a
su aliada Austria de raza “pura” y superior. Posterior a
esto, Perú se retiraría de las olimpiadas al no estar de
acuerdo con esta descabellada imposición. Sin embargo Lolo
tendría su revancha 3 años después, cuando Perú se
consagraría campeón sudamericano (en donde – para variar –
Lolo sería el máximo artillero del evento).
Las grandes actuaciones
de Lolo traspasaron nuestras fronteras. Dirigentes del club
chileno “Colo – colo” (equipo que para ese entonces tenía un
gran poderío económico) quisieron contratarlo por todos los
medios y llegaron a ofrecerle un cheque en blanco. “…. Lolo,
aquí está el cheque. Usted ponga la cifra que el Colo-colo
se lo paga con gusto.” Pero el amor que sentía por la
camiseta crema era insuperable y no tenía ningún precio, por
lo que Lolo rechazaría esta oferta.
Su grandeza llegó a todos
los niveles internacionales y es así que el jugador Edson
Arantes do Nascimento “Pelé”, cuando llegó a Lima para jugar
unos partidos amistosos pidió los consejos y las enseñanzas
de Lolo. El ídolo crema siempre fue una persona humilde y
con la sencillez que le caracteriza le dio unas clases de
cómo tocar el balón y algunos secretos sobre cómo jugar al
fútbol. Todo un verdadero maestro dentro y fuera de las
canchas.
Lolo se retira de las
canchas un 30 de agosto de 1953, a la edad de 40 años. Ese
día se jugaba una edición más del clásico peruano. Una fría
tarde de invierno que adornaba un partidazo. El resultado
sería triunfal para Universitario por 4 a 2. Lolo anotó 3
golazos que hicieron vibrar a los hinchas merengues, quienes
emocionados veían como el gran cañonero salía de las canchas
en hombros y con lágrimas en los ojos, vistiendo aquella
gloriosa camiseta crema que lo vio crecer.
Fueron 22 años de
brillante trayectoria defendiendo solamente la camiseta de
Universitario. Lolo le decía adiós al fútbol, pero al mismo
tiempo se convertía en un inmortal del balompié peruano.
Este jueves el ídolo está
de cumpleaños; no nos acompaña ya físicamente, pero Lolo
sigue vivo en el recuerdo de la hinchada merengue. Solamente
me queda agradecerte ídolo eterno, gracias por enseñarme a
amar esta camiseta, gracias por tu humildad y sencillez. Yo
te juro, cañonero, que a mi primer hijo lo voy a llamar
Teodoro, y en casa todos le diremos “lolito”.
C-sar
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