24/11/2009  10:00pm

No sólo de ping pong vive el hombre

“LOLO” FERNÁNDEZ

En los caminos de la vida, uno se encuentra con personas que lo inspiran a vivir (por más redundante que esto pueda sonar). En mi caso, algunos de los más importantes han sido Fito Páez, el maestro Roberto Gómez Bolaños y don Emilio Lafferranderie. En esta ocasión, y a manera de homenaje, hago una reseña que refleja mi cariño y admiración por el gran “Lolo” Fernández.

Un día como hoy, pero hace 97 años, nacía en la modesta Hacienda Hualcará de Cañete el gran Teodoro Fernández Meizán. Era el sétimo de ocho hermanos, los cuales se entretenían jugando al fútbol por interminables horas en los humildes terrenales de aquel pueblo. “Lolito” pasó su niñez pegándole a la pelota con todas sus fuerzas, hasta que a sus 16 años llegó a la capital.

Fue entonces cuando su hermano Arturo (quien jugaba en Universitario) animó a Lolo a probarse en el primer equipo de la “U”. Por casualidades de la vida el presidente del club en aquel entonces, el señor Plácido Galindo, vio jugar a Lolo en aquel partido de prueba y sin pensarlo dos veces lo contrató. Acababa de nacer en ese preciso momento el romance Lolo – Universitario (algo que sólo puede ser comparable con Romeo y Julieta).

Un 29 de noviembre de 1931 Lolo hacía su debut con la camiseta crema en un partido amistoso frente al Deportivo Magallanes de Chile. Tenía tan solo 17 años aquella calurosa tarde en donde anotaría el gol triunfal. Nadie imaginaba, en ese entonces, que aquel chiquillo adolescente se convertiría en toda una leyenda. Desde aquel día Lolo Fernández fue pieza inamovible en la delantera del equipo merengue.

Uno de sus tantos atributos futbolísticos era la potencia de los remates de su pierna derecha. Se decía que los arqueros de aquella época le tenían un gran temor a los disparos del cañonero, disparos que en algunos casos llegaron a romper las redes de los arcos del Estadio Nacional.

A lo largo de su trayectoria como futbolista Lolo cosechó muchos éxitos. Fue el máximo goleador en los torneos de los años 1932, 1933, 1934, 1938, 1940, 1942 y 1945. Asimismo, salió campeón con Universitario en seis oportunidades. También fue la cabeza de una de las mejores selecciones peruanas de todos los tiempos, aquella que jugó las olimpiadas de Berlín en 1936. En este certamen, Perú venció a Austria por un contundente 7 – 2; con cinco goles de Lolo. Lamentablemente Hitler anuló el partido porque simplemente no podía comprender cómo una raza mestiza e “inferior” como la peruana podía derrotar a su aliada Austria de raza “pura” y superior. Posterior a esto, Perú se retiraría de las olimpiadas al no estar de acuerdo con esta descabellada imposición. Sin embargo Lolo tendría su revancha 3 años después, cuando Perú se consagraría campeón sudamericano (en donde – para variar – Lolo sería el máximo artillero del evento).

Las grandes actuaciones de Lolo traspasaron nuestras fronteras. Dirigentes del club chileno “Colo – colo” (equipo que para ese entonces tenía un gran poderío económico) quisieron contratarlo por todos los medios y llegaron a ofrecerle un cheque en blanco. “…. Lolo, aquí está el cheque. Usted ponga la cifra que el Colo-colo se lo paga con gusto.” Pero el amor que sentía por la camiseta crema era insuperable y no tenía ningún precio, por lo que Lolo rechazaría esta oferta.

Su grandeza llegó a todos los niveles internacionales y es así que el jugador Edson Arantes do Nascimento “Pelé”, cuando llegó a Lima para jugar unos partidos amistosos pidió los consejos y las enseñanzas de Lolo. El ídolo crema siempre fue una persona humilde y con la sencillez que le caracteriza le dio unas clases de cómo tocar el balón y algunos secretos sobre cómo jugar al fútbol. Todo un verdadero maestro dentro y fuera de las canchas.

Lolo se retira de las canchas un 30 de agosto de 1953, a la edad de 40 años. Ese día se jugaba una edición más del clásico peruano. Una fría tarde de invierno que adornaba un partidazo. El resultado sería triunfal para Universitario por 4 a 2. Lolo anotó 3 golazos que hicieron vibrar a los hinchas merengues, quienes emocionados veían como el gran cañonero salía de las canchas en hombros y con lágrimas en los ojos, vistiendo aquella gloriosa camiseta crema que lo vio crecer.

Fueron 22 años de brillante trayectoria defendiendo solamente la camiseta de Universitario. Lolo le decía adiós al fútbol, pero al mismo tiempo se convertía en un inmortal del balompié peruano.

Este jueves el ídolo está de cumpleaños; no nos acompaña ya físicamente, pero Lolo sigue vivo en el recuerdo de la hinchada merengue. Solamente me queda agradecerte ídolo eterno, gracias por enseñarme a amar esta camiseta, gracias por tu humildad y sencillez. Yo te juro, cañonero, que a mi primer hijo lo voy a llamar Teodoro, y en casa todos le diremos “lolito”.


 

C-sar

 

 

 

 
 

El día que jugué contra Messi

Transcurría el verano de 1997, yo tenía 8 años y en ese tiempo le dedicaba mi vida entera al fútbol. Entrenaba duro con la selección de mi colegio, en la categoría 88-89.Sin lugar a dudas era un buen equipo ese del San Agustín (que en años posteriores ganó ADECORE, interescolares y otros). Yo jugaba de volante-delantero y tenía un fuerte remate de derecha.

Una tarde, finalizado el entrenamiento, el entrenador nos dijo que al día siguiente afrontaríamos un partido amistoso frente al Newell’s Old Boys de Argentina, aprovechando que aquel equipo estaba por tierras peruanas. Nosotros, muy tranquilos, nos reíamos diciendo que a los argentinos les íbamos a dar de alma. Éramos, pues, un equipo acostumbrado a ganar.

Por la noche, mientras cenaba con mi familia; el noticiero presentaba un reportaje de un chiquito que había deslumbrado a todos en la Copa de la Amistad, jugando por el Newell´s. El enano, apodado “Leo”, dominaba la pelota con una facilidad envidiable, y en el reportaje decían que era la figura de aquel equipo argentino que acababa de golear en la final al Cantolao; equipo que por cierto es de los mejores en cuanto a formación de menores y canteras en el Perú. Mi confianza decreció un poquito, pero aún así estaba ansioso.

Las horas pasaron y llegó el momento del cotejo. Los argentinos estaban parados al frente, calentando. Todos ellos eran gringuitos y en su mayoría más altos que nosotros (nos enfrentábamos a un equipo un año mayor, con jugadores categoría 87-88, pero eso no nos importaba mucho). El entrenador nos dio unas palabras motivadoras y salimos a la cancha, dispuestos a matarlos.

Comenzó el partido y los goles de ellos cayeron como gotas de lluvia. Fue una soberana paliza la que nos estaban dando. Simplemente la velocidad de los argentinos era descomunal. Luchamos cada bola al máximo, pero eso no evitó la goleada. Fue entonces, cuando el partido iba 9 a 0 que uno de nuestros delanteros empalmó un remate que sorprendió a su arquero y logramos el gol del honor. Un gol que tal vez no significaba mucho, pero que lo gritamos y celebramos como si se tratara de una victoria. Fue un contundente 9 – 1.

Sinceramente, no recuerdo mucho la presencia de aquel chiquito “Leo”. Tal vez nos haya hecho unos cuantos goles con esa zurda prodigiosa, pero no lo recuerdo tan bien. Lo cierto es que pasaron los años y ese chiquillo Leo se convirtió en Lionel Messi, a quien no hace falta describir.

Lo cierto es que ya se viene Sudáfrica 2010, y entre tantas expectativas probablemente la principal será ver a Messi dejando rivales en el piso y anotando goles por doquier. Yo miraré el mundial desde la tranquilidad de mi casa, viendo las diabluras que hace “la pulga”. Espero, al menos, que en ese partido le haya robado alguna pelota con una barrida, o en su defecto, aunque sea haberle cometido un “foul”.
C-sar


Terremoto en Haití y el fin del mundo

El reloj marcaba las 6 y 40 de la tarde cuando un duro terremoto remeció fuertemente nuestro suelo hace unos pocos años. Era un 15 de agosto allá por el 2007 y fue un miércoles (lo recuerdo porque ese mismo día iban a jugar la U y Cristal en el estadio Monumental, pero el partido sería suspendido). Se registraron más de 500 muertos y muchos más damnificados en las zonas de Ica, Pisco y Cañete; en un acontecimiento que consideramos terrible. Yo me pregunto, si a eso le llamamos terrible, entonces qué palabras tengo que utilizar para describir las consecuencias del reciente terremoto ocurrido en Haití, en donde se perdieron más de 100 mil vidas.

Más de cien mil muertos; es difícil imaginar lo que eso significa. Y no estamos hablando solamente de un enorme número de pérdidas humanas, sino que todo edificio, casa o construcción se vino abajo. Por alguna razón (que me cuesta mucho entender) este terremoto azotó al país más pobre de toda América. Sus habitantes practican lo que se llama una “economía de subsistencia”, lo que quiere decir que ellos viven prácticamente para alimentarse. Sin embargo, ahora la vida en Haití ha cambiado para siempre.

Cambiando un poco el tema (pero sin irnos totalmente de él), no sé si se han percatado del clima en nuestra capital. Un día llueve, otro día sale sol, a veces está muy oscuro. Un día de estos nos vamos a levantar y va a estar nevando. Dicen por ahí que el clima se está volviendo loco, que ocurrirán más desastres naturales como el de Haití y que el fin del mundo se avecina.

¿El fin del mundo? Creo que nunca me he puesto a pensar mucho en ese tema; ni siquiera he ido al cine a ver 2012. Se han dicho y especulado tantas cosas respecto al caso. Supongo que el tema no me causa mucho interés.

Dicen que el fin del mundo está cerca, que va a venir un asteroide y nos va a hacer papilla, que Jesús bajará de los cielos, que va a haber una gran guerra, etc., etc., etc. Yo la verdad espero que antes del fin del mundo podamos ver a Perú en un mundial.

C-sar



No solo de ping pong vive el hombre. Artículos  2009


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