24/12/2008 1:00pm

EL QUE SE NOS VA

Este último fin de semana acompañé a mis abuelos a Ripley para que realicen sus compras navideñas. Me desvié hasta llegar al área de productos deportivos y, entre otras cosas, me encontré con una reluciente mesa de tenis de mesa. En ese instante vinieron a mi mente numerosos recuerdos de este 2008; me senté en uno de los sillones y, sin quitarle un ojo a aquella mesa, dejé que fluyan las emociones.

Es probable que este año el tenis de mesa para mí no sólo sirvió para subir mi nivel de juego, sino principalmente para conocer nuevas amistades y forjar relaciones que durarán muchos años, espero. Esto no hubiera sido posible si no hubiera recibido la invitación de mi entrenador y amigo Javier González (a quien le estoy sumamente agradecido) de formar parte de los entrenamientos en el club Lawn Tennis. Desde un primer momento todos los chicos del club, así como los entrenadores y un ameno grupo de padres me hicieron sentir muy a gusto y descubrí que todos ellos conforman una familia singular, con la que ahora me siento identificado.

Con el pasar de los meses comenzaron a llegar los primeros resultados de mi constancia. Llegué a mi primera final en mi categoría en el torneo de la Universidad de Lima y alcancé las semifinales en categoría libre en el Kikko, siendo mi verdugo en ambos casos Fernando Inca (a quien antes admiraba por ser un gran jugador y que ahora admiro por ser un gran amigo). Un par de títulos en dobles y una campaña en ascenso en el Interclubes confirmaban mi progreso.

Este último torneo mencionado se convirtió en uno de mis favoritos, ya que se trata de una competencia constante en donde participan los mejores clubes y sus mejores exponentes, todo un lujo. Mi equipo, la Universidad de Lima, vino de menos a más y logramos el título del Clausura, obteniendo un cupo para el play off final ante el Regatas. Luego de una final de infarto y viniendo desde abajo una vez más, obtuvimos la victoria y un título que recordaremos por siempre por todas las experiencias vividas.

En cuanto a esta final, me gustaría resaltar el hecho de que tanto mi entrenador Javier González como el presidente de la Federación, el señor Antonio Gómez, dieron una muestra de que las diferencias se pueden arreglar con el firme propósito de que nuestro tenis de mesa salga adelante con palabras esperanzadoras para el futuro. Hagámoslo por los más chicos.

Haciendo un recuento de todos estos hechos llegué a la conclusión de lo que este deporte significa para mí, y estas son las palabras que rescato: sana competencia, amistad y pasión por el deporte. Es por eso que me siento agradecido con todas las personas que con su esfuerzo y dedicación ayudan a nuestro querido deporte.  

En eso mi abuelo llegó y se sentó a mi lado para descansar un poco (es un señor de avanzada edad). Al verme contemplando la mesa me preguntó si yo jugaba al ping pong y entre otras cosas me dijo “¡los chinos son unos bárbaros jugando!”. Le di un beso en su pelada cabeza y nos quedamos sentados conversando por un rato.
 

Feliz Navidad   

 
 

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