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Este último fin de semana acompañé a mis
abuelos a Ripley para que realicen sus compras
navideñas. Me desvié hasta llegar al área de productos
deportivos y, entre otras cosas, me encontré con una
reluciente mesa de tenis de mesa. En ese instante
vinieron a mi mente numerosos recuerdos de este 2008; me
senté en uno de los sillones y, sin quitarle un ojo a
aquella mesa, dejé que fluyan las emociones.
Es probable que este año
el tenis de mesa para mí no sólo sirvió para subir mi
nivel de juego, sino principalmente para conocer nuevas
amistades y forjar relaciones que durarán muchos años,
espero. Esto no hubiera sido posible si no hubiera
recibido la invitación de mi entrenador y amigo Javier
González (a quien le estoy sumamente agradecido) de
formar parte de los entrenamientos en el club Lawn
Tennis. Desde un primer momento todos los chicos del
club, así como los entrenadores y un ameno grupo de
padres me hicieron sentir muy a gusto y descubrí que
todos ellos conforman una familia singular, con la que
ahora me siento identificado.
Con el pasar de los
meses comenzaron a llegar los primeros resultados de mi
constancia. Llegué a mi primera final en mi categoría en
el torneo de la Universidad de Lima y alcancé las
semifinales en categoría libre en el Kikko, siendo mi
verdugo en ambos casos Fernando Inca (a quien antes
admiraba por ser un gran jugador y que ahora admiro por
ser un gran amigo). Un par de títulos en dobles y una
campaña en ascenso en el Interclubes confirmaban mi
progreso.
Este último torneo
mencionado se convirtió en uno de mis favoritos, ya que
se trata de una competencia constante en donde
participan los mejores clubes y sus mejores exponentes,
todo un lujo. Mi equipo, la Universidad de Lima, vino de
menos a más y logramos el título del Clausura,
obteniendo un cupo para el play off final ante el
Regatas. Luego de una final de infarto y viniendo desde
abajo una vez más, obtuvimos la victoria y un título que
recordaremos por siempre por todas las experiencias
vividas.
En cuanto a esta final,
me gustaría resaltar el hecho de que tanto mi entrenador
Javier González como el presidente de la Federación, el
señor Antonio Gómez, dieron una muestra de que las
diferencias se pueden arreglar con el firme propósito de
que nuestro tenis de mesa salga adelante con palabras
esperanzadoras para el futuro. Hagámoslo por los más
chicos.
Haciendo un recuento de
todos estos hechos llegué a la conclusión de lo que este
deporte significa para mí, y estas son las palabras que
rescato: sana competencia, amistad y pasión por el
deporte. Es por eso que me siento agradecido con todas
las personas que con su esfuerzo y dedicación ayudan a
nuestro querido deporte.
En eso mi abuelo llegó y
se sentó a mi lado para descansar un poco (es un señor
de avanzada edad). Al verme contemplando la mesa me
preguntó si yo jugaba al ping pong y entre otras
cosas me dijo “¡los chinos son unos bárbaros jugando!”.
Le di un beso en su pelada cabeza y nos quedamos
sentados conversando por un rato.
Feliz Navidad
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